Natanael

Sunday, July 10, 2005

Clases ¿en América?

El NY Times, en un artículo de Mayo sobre las clases sociales en EE.UU. firmado por SCOTT y LEONHARDT analiza de forma sucinta, como influye la pertenencia a una clase social a través de, en este caso, el impacto, tratamiento y recuperación de un infarto de miocardio. El artículo, está elaborado mediante la descripción de cómo cuatro sujetos, autoasignados a cuatro clases sociales: alta, media, trabajadora y alta, sufren todo el proceso desde el momento en el que sufren el desafortunado evento.
En un hábil giro, aprovechan para relacionar este asunto, con la educación, con la propia percepción, y en definitiva, con la fe en el sistema moderno, que teóricamente nos dice que el trabajo duro puede llevarnos a cualquier parte.
Destaquemos primero, que es lo que se denomina “clase social” en el artículo, cuales son sus atributos: rango, tribu, cultura y gusto. Actitudes y premisas, fuente de identidad y sistema de exclusión.
Para algunos sólo la determina el dinero, para otros tiene que haber un sistema de creencias común.
Sea como sea, podemos relacionar este artículo, por ponernos en antecedentes, con la que Oscar Lewis denominó “Cultura de la Pobreza”.
La idea subyacente en el artículo es que sí que existen clases sociales, aunque estas no quieran parecer tan marcadas (¿no quieren?) como antaño. La pertenencia a una clase social, en general, es un accidente de nacimiento, que influye de forma decisiva en la vida de una persona. Por supuesto, hay excepciones, que consiguen subir en esa escala, superando las barreras, pero pensar en ejemplos de ello, es sólo lo que en psicología social se llama “Modelo de Conversión”, modelo en el cual se muestran ejemplares que desconfirman el estereotipo, lo cual, no significa que sean representativos estadísticamente.
Es decir: que Bill Gates haya conseguido, siendo informático, ser el hombre más rico del mundo, no debe hacerme creer que los informáticos son los hombres más ricos del mundo, o tienen el potencial para serlo.
En EE.UU. dónde no existe un sistema de Seguridad Social semejante al nuestro, el impacto de la pertenencia a una clase en la salud, es aún más alto de lo que pueda parecer aquí, en España. Sin embargo, querría (y este es el objetivo del post) establecer una relación entre lo que en él se dice y lo que sucede en nuestro país y supongo que en gran parte del hemisferio.
Las clases existen, y es cierto que es difícil dar saltos “cualitativos” de clase baja a clase alta. Existen numerosos filtros de clase. Está la educación, por ejemplo. Muchos de los políticos más conocidos de nuestro país han “compartido pupitre” en colegios de pago específicos, y el hecho de ser de “izquierdas” o de “derechas” no ha hecho diferencias en ese sentido. No es lo mismo haber estudiado en el Liceo Francés que en instituto de tu barrio, y no me refiero únicamente a la preparación, sobre la que no voy a discutir ahora.
Yo mism@ he estado en empresas (subcontratado) en las que entre el personal que entraba a formar parte de la plantilla de la empresa, eran “sospechosamente frecuentes” los que habían acudido a determinadas instituciones académicas “regentadas” por religiosos.
Pero hay más. Están las actitudes de los más jóvenes respecto a los compañeros que estudian con ellos en dichas instituciones pero que tienen menos dinero. Son automáticamente apartados, dado que si bien el dinero que sus padres llega para pagar la matrícula y las clases, no llega para “salidas”, “cenas”, “fiestas” y otras actividades de carácter social que acaban fraguando (y no realmente los contenidos académicos) esas relaciones que en el futuro llevan a que alguien sea contactado por los compañeros para ocupar un puesto de relevancia.
Y cada vez hay más centros que promueven este tipo de actitudes. Centros privados que no exigen nota de selectividad, que prometen enseñanzas plurales, pragmáticas y útiles, pero que en el fondo son una forma de filtro.
Aunque muchos dirían que las instituciones universitarias de carácter privado en España tardarán en estar a la altura de las privadas, esto es una cuestión de tiempo, y también habrá quien pueda o crea poder demostrar lo contrario.
Resulta ridículo además, lo necesitados que están algunos de dar ese salto, sea como sea. Son aquellos que han convertido en parte del plan cosas como: “votar al PP”
No es que me parezca mal que alguien convencido, que haya estudiado el por qué de su voto, haga uso de él como considere conveniente. Sin embargo, votar a la derecha porque así “hacemos lo mismo que el de la clase inmediatamente superior” es patético. Va en contra de sus intereses, y en los de toda su clase.
Tampoco está de más recordar a los que tienen formación universitaria, que eso, no les introduce de lleno en la clase media o alta. Muchos licenciados deberían preguntarse lo que cobran el pescadero, el carnicero o el fontanero, antes de sentirse orgullosos por que ellos llevan un tarje y los otros un mono o un mandil. Por cierto, hay un capítulo de Frasier antológico al respecto.
En conclusión, si las clases existen, la desintegración de la percepción de clase, es un elemento de control más, una forma del viejo “divide y vencerás”. Cada uno debería pensar de parte de quien está, porque ganar un puñado de Euros más, podría ser sólo un camino a estar más asfixiado y enterrado en préstamos, intentado aparentar que de verdad pertenecemos al estrato de aquellos que en realidad, nos miran como el “quiero y no puedo del vecindario” y que no van precisamente a protegernos, sino a intentar ganar más distancia en cuanto les sea posible.

Ahí lo dejo.

Sunday, July 03, 2005

Supervivencia para el obrero de IT

Hoy he leído el post de amorsutura.bitacoras.com. Creo que este post tiene mucho que ver con otros dos, ya publicados aquí, uno titulado IT no importa... y otro titulado Jobdumping.

Como bien dice el Consultor Anónimo el trabajo también está sujeto a la ley de la oferta y la demanda que, como todo el mundo sabe, consiste en que el que compra, quiere hacerlo lo más barato posible y el que vende, quiere hacerlo lo más caro posible.

Para conseguir vender caro, el trabajador por cuenta ajena cuenta con dos estrategias milenarias:

- El conocimiento especializado.
- La organización

Dicen que el conocimiento es poder y eso es bien sabido desde la antigüedad (la tecnología para el trabajo de los metales, por ejemplo). Por ello, los poseedores del conocimiento han tendido siempre a mantener ese conocimiento en manos
de unos pocos reconocidos como legítimos propietarios del mismo (sociedades secretas, gremios, colegios profesionales...).

El movimiento de reacción frente a esta estrategia ha sido conseguir un modo de producir bienes que pueda ser realizado por gentes sin conocimiento especializado para no tener que pagarlo (nuevas tecnologías, nuevos materiales...).

Organizar la distribución del conocimiento influye en su precio y organizar a los poseedores de ese conocimiento como empleados por cuenta agena también lo hace, los gremios, por ejemplo, cumplían las dos funciones.

El movimiento de reacción frente a esta estrategia ha sido simpre evitar la organización de los empleados por cuenta agena, ya fuera en su forma de sectas, sindicatos...

Tal como dice Martínez, somos los nuevos obreros de la nueva sociedad de la información.

Siempre surgen nuevos tipos de empleados que, al principio, creen de si mismos que están por encima de la morralla ("morrallita soy yo", gracias Carlos Cano) porque ganan más y sus circunstancias parecen más dignas. Un texto que ilustra muy bien este hecho es la primera novela de "La forja de un rebelde" de Arturo Barea, donde se pinta el desprecio del empleado de cuello blanco (banca) por el obrero industrial, siendo incapaz de ver cuantos puntos en común tenían, por mucho que unos pensarán que poseían el conocimiento especialiado que los otros "no" tenían. Despreciaban su modo de organización porque estaba asociada al concepto de "clase social" siguiendo el pensamiento marxista.

Ahora que vivimos en el mundo de la globalización y de la deslocalización, trasladar la producción a zonas del mundo donde la fuerza de trabajo no está organizada y no es consciente de sus derechos es la venganza del que quiere comprar barato frente al que quiere vender caro.

En la actualidad, los sindicatos siguen estando mal vistos por los nuevos obreros del sector tecnológico porque siguen siendo sindicatos "de clase". Cuando son sindicatos profesionales nadie los ve mal en esos paises promotores del nuevo neoconservadurismo. Pero el problema de los sindicatos es que tienen que ir más allá de organizar a sus trabajadores afiliados y tratar de organizar también a los de estos otros países.

Pero para que esto sea considerado como algo rentable para nosotros, empleados con mucho ganado y mucho que perder, áun nos queda pasar tiempos peores. No en vano, en el siglo XIX, los sindicalistas actuaron porque no tenían mucho que perder y todo que ganar.